Ventanas pasadas

Algunos de mis sueños
siempre serán ventanas
de un tren al que
ya no subiré.

Algunos se quedaron
en ventantanas opacas,
en paradas escondidas
detrás de una mirada
y una voz aterrada.

Otros fueron ventanas
que prometían primavera
pero no sobrevivieron
ni a una sonrisa.

Otros se quedaron
parados y abandonados,
en ventanas rotas
en forma de otoñales hojas.

Y otros nunca salieron
de ninguna estación.

No todos los sueños
vivieron.
No todos fueron soñados,
no todos ardieron
y no todos volaron,
ya cenizas al viento.

No todos fueron puertas
a las que pude llamar.
Y de esos, tampoco todos
abrieron.

Imprometibles

No puedo hacer esa promesa.
Me gustaría, pero no debería.
Necesitaría de fe, mucha.
Y no solo la mía.

Hacerlo siempre mejor.
Encontrar un tú
al que decir “lo haré”,
al que contarle
“que lo logré”.

Un tú al que alegrarle las mañanas
con un café y una sonrisa,
y mimos o pellizcos,
si parece que el día
se hace cuesta arriba.

Me gustaría pasarme
un poco de la raya,
obsesionarme y cabrearle
para encontrarme de nuevo libre
al escuchar sus palabras
señalar mi norte
entre el amor y el regaño,
y devolverle el favor otro día.

Querría prometerle a algún tú
amarle siempre con un poco de egoísmo,
para ser dos siempre
y vivirlo bien juntos.

Y querría prometer lo imprometible,
demostrar que no hay imposibles.
Querría bromear con los asuntos más serios.
Pues no hay cosa más seria que vivir la vida
y compartirla.
Y solo un contigo
la haría infinitamente divertida.

Lucidez nocturna

Y esa niña tuvo un sueño.
Soñó que estaba despierta y que alguien iba a verla.
La niña soñó que abría la puerta y una sombra entraba, la cogía por las piernas y se la llevaba bosque adentro.
Pero no era un sueño y la niña no soñaba.

Y esa niña gritó y nadie la escuchó.
Y así murió.

Pero la niña soñaba y despertó.
Despertó, pero no supo que solo lo había soñado.
Nadie se le dijo.

Y esa niña creció.
Y esa niña creyó que las pesadillas eran reales.
Y intentó derrotarlas.
Pero estaba despierta y solo podría vencerlas en sueños.
Y solo en sus sueños tenía la fortaleza para hacerlo.

Pero tenía demasiado miedo para soñar.
Nadie le había enseñado a soñar ese tipo de sueños.
Nadie le enseñó a vivir la otra mitad de nuestra vida.
¿Aprendería algún día?

Inventos de críos exigentes

Nunca me atreví a compartir mis sueños,
nunca hablé sobre lo que quería,
nunca hice saber al mundo quién era,

porque escuché una vez que
los deseos, si los dices en voz alta,
no se cumplen.
Y pensé que podría pasar lo mismo
con todo lo demás.

Así que aprendí a mentir,
de mentira.
Y a ser menos.

Yo no quería tener la culpa
de vivir en un mundo
en el que el amor se desvanecía.
Y tenía miedo de descubrir
que mis sueños nunca se cumplirían.

Les creí tantas veces, a esas voces.
Y tantas veces me equivoqué.
Es en el silencio que mueren los sueños.
Y en la soledad se escurre el calor.

Quizás vivir queme,
pero mejor quemarse
que morir helado.
Duele más, pero
divierte mucho.

Inundación regalada

Un torrente de ternura recorre mis venas y gotea sin prisa en el vaso de cristal de mi corazón,un vaso que se hunde en un mar cálido de azúcar.
Me veo cautivada en medio de una tormenta que envuelve mi mente.
Vivo en el centro de un abrazo que permanece pegado a mi alma.

La profundidad de mis sentimientos me atemoriza desde siempre.
Pero ahora encuentro consuelo infinito en la presencia de este amor,
en la confianza que crece con los días,
en la anchura que adquiere mi vida cuando se une a la tuya.

Y me pregunto si esto es lo que yo buscaba o si simplemente lo necesitaba.
Y me pregunto qué me espera en el futuro.
Y cierro los ojos, porque no quiero seguir corriendo.
Estoy tan cerca de conseguir mis sueños que temo haberlos cumplido ya.
Estoy tan cerca de ser quien quiero ser que ya no me preocupa caerme
o perderme en una noche oscura sin estrellas.

El miedo se desvanece, ha desparecido ya.
Solo un deseo permanece por cumplir,
un sueño bonito que sobrevive a mi despertar.
El deseo de regalarte este sentimiento que colma los huecos del mundo
con cotón de belleza,
con miel de satisfacción
y besos de agradecimiento.

Mi deseo de seguir adelante y mostrarte dónde encuentro yo la felicidad.
El deseo de mostrarte este sitio
en el que nace y muere quien soy.
De guiarte a través del espacio que nos separa
y que llenamos con el querer estar
un poco más cerca de la vida.
Este espacio único que compartimos.
El aquí.

En busca de la princesa de las mariposas

Que te calles pesada. Mi mente divaga y mis sentimientos me arrastran hacia lugares oscuros, lugares a los que no quiero volver. Me gustaría conocer sus caminos y saber que si me pierdo encontraré la salida, pero a la par que espero que ese conocimiento aparezca por arte de magia en mi cabeza, lucho para no acordarme. El miedo es demasiado fuerte y hay alguna cicatriz monstruosa que no ha sanado ni va a hacerlo pronto, mucho menos fácilmente, en los próximos años.

Es verdad, vivo como un tullido, sin muchas ganas de vivir, con poca ilusión y sin ganas de sentir. Mi nivel de reacción emocional es tan limitado, que parece me falte humanidad.

Las mariposas se fueron para no volver.

“Tienes que reconquistarla” me dice Louis, mientras me tomo mi cuarto, tal vez quinto, café. ¿Pero como voy a recuperar algo que nunca sentí me perteneciera? ¿Y que pasa si me sentí así porque no tenía que ser ni será nunca mía? Y aunque después de tres vodkas y una noche de fiesta tenga la certeza de que la quiero solo a ella, de que no voy a mover un dedo por una relación con cualquier otra mientras podría luchar todos los días y con todas mis fuerzas por esa conexión entre nosotras, no hay manera de conseguir el amor. No en mi mundo. En mi mundo amas y eres amado.

Y si no ocurre, no hay nada que vaya a cambiarlo.

Pero también es verdad que ese mundo no es real. La realidad puede ser distinta. Y si lo es, tal vez tenga alguna posibilidad. Pero si la realidad no es como la imagino, entonces no tengo manera de saber qué hacer.

Fue una búsqueda larga. No tan larga como lo ha sido la suya. Pero esperé mucho tiempo y al fin la encontré. Ese salado y dulce perfume que había en el aire, esa visión de melena al viento y ropas meciéndose, esas carcajadas distantes… Pude encontrar mis mariposas perdidas. La princesa de las mariposas, la princesa perdida.

Pero aunque las encontré, aun no han vuelto a mí, y aquí sigo, sentada en la oscuridad de la noche, mirando una pantalla blanca llena de puntitos negros que me cuentan mi propia historia. Una historia vacía, pues sigo sin tener mis mariposas, sin sentir la vida corriendo debajo la piel. Solo cuando pienso en ella o me encuentro cerca algo cambia y a veces es tan intenso que me inmoviliza. Ha pasado demasiado tiempo; ya no soy capaz de cuidar a las mariposas y por eso no van a volver.

Puede que tenga que volver a empezar y encontrar las otras que se perdieron en otros corazones, y recoger esas, hacerme fuerte para poder cuidarlas a todas.

Puede que tengas razón, mente, y no tenga que llegar más lejos con ella.

Pero el corazón niega con la cabeza. “No sabes lo que va a pasar. Tienes que continuar. Aunque no creas que hay una salida, aunque no veas ninguna puerta, es por allí. Tienes que seguir tu propia voluntad”.

Sí, claro, es fácil de decir, pero ¿cómo voy a andar con seguridad hacia adelante cuando no veo ni mis pies ni adónde voy?

Pues tendré que hacerlo igualmente, porque decidido está que tengo que llegar a ellas. Necesito mis mariposas. Antes tenía que buscarlas, luego verlas y ahora que sé a dónde han ido, tengo que traerlas de vuelta a casa.

¿Pero no es eso desleal? No. ¿Qué hay de malo en desear aquello que queremos? ¿Qué hay de malo en tener lo que crees mercer? ¿Qué problema hay con querer un amor correspondido? It’s not a selfless act. But you are forgetting that life was never selfless, never pretended to be. La vida es un acto de fe, no de amor, no de humildad, no de caridad. No amamos sin más.

No está en mi naturaleza rendirme. Puede que me ponga a descansar, pero siempre intento continuar con lo que he empezado y llegar a donde nos dirigíamos. Aun así, el miedo a perder y a ser juzgada por mis errores y fracasos ahoga mi voz y a menudo me encuentro callando mis aspiraciones. No quiero que sepan que me quedé mucho más lejos de lo que quería. Mi debilidad es mía y de nadie más. Soy una egoísta de mierda que nunca admitirá que quiso y no pudo. Prefiero decir que no sé algo a arriesgarme, no porque no quiera perder, pero porque no quiero que piensen que soy una perdedora y tengan pruebas de ello. Más me vale callar y que nunca sepan qué pensar de mí.

Es una vida solitaria, pero. Mis mariposas se fueron con una princesa, pero ella continua buscando su castillo en el cielo. Yo vengo de allí y no pienso volver. Yo quiero hundirme en el mar o perderme entre las flores, pero nunca más serán las nubes objeto de mi deseo. Tuve sueños imposibles de cumplir, y por más adulta que sea, cargo con sus cuerpos. No me hagáis volver y convertir los palacios en mausoleos.

Pero no tengo opción. Sigo aquí tumbada, pajeándome la mente. Voy a volver. No me importa. Solo las mariposas importan. Es todo lo que he estado buscando, la razón por la que sigo viva. Qué más da lo ridículo que vaya a sonar.  Bleed, bleed, bleed. Se me estremece todo el cuerpo, mi corazón se acelera, va a mil por hora, siento todos mis músculos y mi mente deja de hacer preguntas. Se me olvida como respirar. Mis pensamientos se congelan. ¿Que si quiero eso por el resto de mi vida? ¡Claro que no! Pero quiero vivir con esa intensidad. Quiero abrir los brazos y que las mariposas me envuelvan toda y no tenga que esforzarme en luchar para estar solo un poco despierta. Te quiero a ti. Quiero llegar lejos, investigar este misterio que de otra forma me concomerá día tras día. No he tenido en la vida deseo más fuerte que el de encontrar esto.

Conejito, escoge la madriguera que quieras. Te seguiré adónde sea.

Y que no se diga que no lo intenté. Aquí estoy, dando todo mi ser a una causa cuanto menos desesperanzadora. Vamos a sufrir, corazoncito de hielo, pero no nos queda otra. O nos consume el fuego o lo hacemos nuestro. Nada de frío o oscuridad.

Que quiere tocar las nubes, pues le daré la mano desde las estrellas.

Y si los cielos no me acogen, y si el palacio me escupe de sus entrañas o los castillos me cierran sus puertas, pues otro camino más emocionante encontraré. Y si yo prefiero quedarme con la luna mientras ella se queda con el sol, pues allí estaremos. En buena compañía.

Y si mi corazón aún tiene la razón, puede que unas mariposas me lleven a las otras.

Entre hacer y no hacer, hagamos algo.

Y que la vida nos sorprenda.