Cuentos, pero otros cuentos

Y me pregunto qué pasó.
Me pregunto qué no pasó.
Puede que en la nada haya algo,
Y que aquel algo sea el que me tira
hacia ella.

¿Qué hace ella en mi cama?
La nada no hace nada,
Pero algo hace, ese algo
que se quedó en la nada.

No es una mentira, ¿verdad?
¿Es ese sentimiento un secreto maligno?
Tal vez sea una decepción,
Una decepción mal curada.

Tal vez sea una promesa que rompí,
una promesa hecha en otra vida,
una promesa que quise cumplir
y que egoístamente ignoré
Por miedo a afrontar el presente.
Por miedo a cambiar.
Por miedo a la responsabilidad.

Una traición. Una traición.
Tan grande que ni verla pude.
Una traición, no a un ideal,
Ni sentimiento, ni razón,
Sino al impulso original
del ser humano.

Cambié mi alegría
por palabras vacías
que hablaban de seguridad.

Qué les den.
Me gustaría olvidar los cuentos
en los que creí,
con los que crecí,
y los que alimenté.

Pero como no puedo,
los voy a reescribir.
Esta vez, sin palabras.

Nada, de nada

Era en el precipicio al vacío que nacían mis palabras. Pero una vez caí, todo era nada. Nada al respirar, nada al levantarme, nada al comer, nada al hablar y escuchar. Nada fue nunca peor, porque en la nada no hay esperanza, no hay pasado que valga la pena ni futuro que te vaya a salvar. La nada es infinita, completa en su esencia, estática. La nada no es un mundo ni un sentimiento, ni una idea o un estado. La nada es nada y el ser se desvanece en su vastidad.

Pero la nada es impermanente porque a su alredeor gravita todo lo demás. A su alrededor se aglutinan las atracciones, aquello imposible de parar, aquello único que tiene el poder de devolvernos a la realidad, o de devolvérnosla. Nuestras atracciones. que siempre vuelven, en las que siempre volvemos a caer. Son atracciones de las que, sin  importar dónde estemos, no vamos a escapar. Y sea de lo que sea, nos van a llenar. Son la resonancia de nuestros cuerpos celestes, la silueta en la que encaja nuestra alma, el espejo en el que vemos el reflejo de nuestro ser y del más allá. Son mucho más que la nada que a veces dejaron a su paso. Las atracciones son las que ponen un principio y un final, orden en el caos y el norte en la brújula de la vida.

Inundación regalada

Un torrente de ternura recorre mis venas y gotea sin prisa en el vaso de cristal de mi corazón,un vaso que se hunde en un mar cálido de azúcar.
Me veo cautivada en medio de una tormenta que envuelve mi mente.
Vivo en el centro de un abrazo que permanece pegado a mi alma.

La profundidad de mis sentimientos me atemoriza desde siempre.
Pero ahora encuentro consuelo infinito en la presencia de este amor,
en la confianza que crece con los días,
en la anchura que adquiere mi vida cuando se une a la tuya.

Y me pregunto si esto es lo que yo buscaba o si simplemente lo necesitaba.
Y me pregunto qué me espera en el futuro.
Y cierro los ojos, porque no quiero seguir corriendo.
Estoy tan cerca de conseguir mis sueños que temo haberlos cumplido ya.
Estoy tan cerca de ser quien quiero ser que ya no me preocupa caerme
o perderme en una noche oscura sin estrellas.

El miedo se desvanece, ha desparecido ya.
Solo un deseo permanece por cumplir,
un sueño bonito que sobrevive a mi despertar.
El deseo de regalarte este sentimiento que colma los huecos del mundo
con cotón de belleza,
con miel de satisfacción
y besos de agradecimiento.

Mi deseo de seguir adelante y mostrarte dónde encuentro yo la felicidad.
El deseo de mostrarte este sitio
en el que nace y muere quien soy.
De guiarte a través del espacio que nos separa
y que llenamos con el querer estar
un poco más cerca de la vida.
Este espacio único que compartimos.
El aquí.