Historia en off

El ahora constituye una sola historia, compuesta de esas otras miles que se juntan en un mismo tiempo y espacio. Esas historias que pasaron, narrativas que se reescriben y perpetúan en el tiempo; las del presente, que se escabullen y se mezclan con esas más antiguas, con otras distantes, con muchas, con las de los mundos de la fantasía, de los recuerdos y los sueños; y otras, del futuro, que son ya contadas, que son ya escritas, que existieron y existirán y se aparecen como otros fantasmas a la fiesta del momento.
Todas las historias se unen en el único punto concluyente en el que te encuentras el yo, el tú, el ellos, el nosotros. Si tan solo pudieras verlo como el calidoscopio que es, en colores y formas y movimientos e imágenes que le dan sentido a la existencia. Porque el sin sentido es no ver la conexión que lo crea, que nos plantea el instante como la única percepción.

Agua salada

Ya no quiero ser mar,
aquel del que no se ve el fondo,
aquel en el que quieres nadar
atraída por su misterio,
por sus sombras y reflejos escurridizos.

Ya no quiero ser esas aguas embravecidas
fervientes en su deseo de alcanzar la luna,
incesantes y ruidosas, caóticas,
y que amenazan con ahogarte.

Ya no quiero ser ese ser
que de esperanza vive albergando el horizonte.
No quiero desvelarme con la luz de una sonrisa,
perderme en el momento en el que me dicen
que voy tarde, o que el amor se acaba.

Ya no quiero ser el mar, calmo o agitado,
en el que se hunde y remueve el pasado.

Yo quiero ser viento.
El viento que dirige las olas
y te deja regalos a los pies.
Te vacila cuando abres la ventana,
juega con tu pelo y el paraguas,
y siempre, te susurra siempre.

El viento del desierto, el viento del bosque,
el de las aventuras, el de las flores
y el del verano pasado.
El mismo viento que me da alas,
que me despierta, que me impulsa,
que me da libertad, me aisla,
me guarda de mis miedos
y me empuja hacia a ellos.

El viento que inspira, que inspiro,
el que me encuentra y no huye.
El del deseo, el del apetito,
el de la sed y el buen gusto,
El viento que nos deja sin aliento
y lo toma en el último momento.

Inundación regalada

Un torrente de ternura recorre mis venas y gotea sin prisa en el vaso de cristal de mi corazón,un vaso que se hunde en un mar cálido de azúcar.
Me veo cautivada en medio de una tormenta que envuelve mi mente.
Vivo en el centro de un abrazo que permanece pegado a mi alma.

La profundidad de mis sentimientos me atemoriza desde siempre.
Pero ahora encuentro consuelo infinito en la presencia de este amor,
en la confianza que crece con los días,
en la anchura que adquiere mi vida cuando se une a la tuya.

Y me pregunto si esto es lo que yo buscaba o si simplemente lo necesitaba.
Y me pregunto qué me espera en el futuro.
Y cierro los ojos, porque no quiero seguir corriendo.
Estoy tan cerca de conseguir mis sueños que temo haberlos cumplido ya.
Estoy tan cerca de ser quien quiero ser que ya no me preocupa caerme
o perderme en una noche oscura sin estrellas.

El miedo se desvanece, ha desparecido ya.
Solo un deseo permanece por cumplir,
un sueño bonito que sobrevive a mi despertar.
El deseo de regalarte este sentimiento que colma los huecos del mundo
con cotón de belleza,
con miel de satisfacción
y besos de agradecimiento.

Mi deseo de seguir adelante y mostrarte dónde encuentro yo la felicidad.
El deseo de mostrarte este sitio
en el que nace y muere quien soy.
De guiarte a través del espacio que nos separa
y que llenamos con el querer estar
un poco más cerca de la vida.
Este espacio único que compartimos.
El aquí.