Ventanas pasadas

Algunos de mis sueños
siempre serán ventanas
de un tren al que
ya no subiré.

Algunos se quedaron
en ventantanas opacas,
en paradas escondidas
detrás de una mirada
y una voz aterrada.

Otros fueron ventanas
que prometían primavera
pero no sobrevivieron
ni a una sonrisa.

Otros se quedaron
parados y abandonados,
en ventanas rotas
en forma de otoñales hojas.

Y otros nunca salieron
de ninguna estación.

No todos los sueños
vivieron.
No todos fueron soñados,
no todos ardieron
y no todos volaron,
ya cenizas al viento.

No todos fueron puertas
a las que pude llamar.
Y de esos, tampoco todos
abrieron.

Me olvidé

Olvidé ponerte nombre,
escribirte en los árboles,
secuestrarte en los rincones,
descubrirte mis escondrijos.

Olvidé guardar en una caja
la libertad de la inocencia
y cerrar el grifo
de la bañera de mis pesadillas.

Olvidé abrir los ojos,
luego de obedecer
y cerrarlos.

Lo olvidé todo.
Dime que alguna vez
lo recordaré y será distinto.

Prométeme que algún día
la vida volverá
a llamar mi nombre.
Y perdonará mis ganas
de escaparte.

Historia en off

El ahora constituye una sola historia, compuesta de esas otras miles que se juntan en un mismo tiempo y espacio. Esas historias que pasaron, narrativas que se reescriben y perpetúan en el tiempo; las del presente, que se escabullen y se mezclan con esas más antiguas, con otras distantes, con muchas, con las de los mundos de la fantasía, de los recuerdos y los sueños; y otras, del futuro, que son ya contadas, que son ya escritas, que existieron y existirán y se aparecen como otros fantasmas a la fiesta del momento.
Todas las historias se unen en el único punto concluyente en el que te encuentras el yo, el tú, el ellos, el nosotros. Si tan solo pudieras verlo como el calidoscopio que es, en colores y formas y movimientos e imágenes que le dan sentido a la existencia. Porque el sin sentido es no ver la conexión que lo crea, que nos plantea el instante como la única percepción.

Agua salada

Ya no quiero ser mar,
aquel del que no se ve el fondo,
aquel en el que quieres nadar
atraída por su misterio,
por sus sombras y reflejos escurridizos.

Ya no quiero ser esas aguas embravecidas
fervientes en su deseo de alcanzar la luna,
incesantes y ruidosas, caóticas,
y que amenazan con ahogarte.

Ya no quiero ser ese ser
que de esperanza vive albergando el horizonte.
No quiero desvelarme con la luz de una sonrisa,
perderme en el momento en el que me dicen
que voy tarde, o que el amor se acaba.

Ya no quiero ser el mar, calmo o agitado,
en el que se hunde y remueve el pasado.

Yo quiero ser viento.
El viento que dirige las olas
y te deja regalos a los pies.
Te vacila cuando abres la ventana,
juega con tu pelo y el paraguas,
y siempre, te susurra siempre.

El viento del desierto, el viento del bosque,
el de las aventuras, el de las flores
y el del verano pasado.
El mismo viento que me da alas,
que me despierta, que me impulsa,
que me da libertad, me aisla,
me guarda de mis miedos
y me empuja hacia a ellos.

El viento que inspira, que inspiro,
el que me encuentra y no huye.
El del deseo, el del apetito,
el de la sed y el buen gusto,
El viento que nos deja sin aliento
y lo toma en el último momento.