Una basura, por favor

Me cansé de escuchar tantas excusas, mentiras, expectativas y tontería tras tontería. No jodáis. ¿Cómo con tantos años de humanidad y experiencia seguimos perpetuando semejantes locuras?

De ti no quiero nada ya. No hagas nada conmigo. No me muestres ningún camino. No busques mi felicidad. No me dejes creer en los mitos codependientes. Porque yo los creería con facilidad– ya sé lo frágil que puedo ser, aunque cierre los ojos y me muerda la lengua, sin saber como soportarlo. Porque eso sería fallarnos. Ese es mi miedo. Y mi miedo atrae mis miedos. Y por eso me rebelo. Porque va en contra de lo que veo con mi corazón. Solo quiero que confíes en mí, en que lo lograré yo sola. Ahora que lo sabes, dejáme ser libre.

¿Qué veo yo? Dos llamas que se multiplican solo con acercarse. Que se crecen. Que se expanden. Que conquistan cualquier marea, cualquier tormenta con sus fuerzas unidas.  Veo que no hay límites detrás de esos ojos en los que se refleja un mundo único. Veo el infinito, siento que me lanzo a él.  Lo reconozco como a un pariente que nunca conocí pero familiar como mi propio paisaje interior. Ese que se remueve cuando te ve y sabe que no está solo.

Voy a cerrar ese libro gastado. No quiero que nadie me convenza de la necesidad de nadie. ¿Qué es eso? Solo incompetencia, no ser capaz de afrontar tu propia vida. No abnego de la compañía, eso es lo que quiero. Eso es el algo añadido que parece solo otra sonrisa, pero en verdad soy yo llegando a la felicidad. Y no es solo un algo, no se queda en eso solo. Es un sueño a compartir. Sí, un sueño que vamos a compartir.

Pero ni es ni será un pastel a repartir.

Besaba sus labios con deleite. No había fronteras ni etiquetas. Su historia se escribía entre miradas compartidas y gestos complementarios. Sus corazones sincronizados era todo lo que necesitaban para que funcionara. ¿Porqué no funcionó?

Y me pregunto, ¿cuál es la mayor mentira?

La he encontrado muchas veces.
Y me ha dolido verla.
No en mis ojos, allí no aguanta,
puede que sea un demonio
pero con amenazarla
se larga.

Puede que sea terrible,
pero si cuela, cuela.
le digo que morimos,
y eso la desarma.

No, es comprender que existe
en otras partes
y que desconozco
mejores técnicas
con la que espantarla.
Y no es un sitio, es en muchos,
y me pregunto porqué,
cómo es posible,
quién lo permite.

No entiendo como alguien lo aguanta.
A mí me engaña, me colapsa,
me deja sin respiración,
sin fuerzas para andar,
me aplasta.
Pero en el fondo sé
que es solo una mentira.

Confundida o no,
sé que en algún momento
seré capaz de rechazarla.

Y puedo responder la pregunta,
Y respondo, la Desesperanza.

Viviendo, escribiendo, hibernando.
Como si los fracasos fueran ciertos,
como si esos se convirtieran en la única meta,
en el camino y el destino.
Pero hemos sobrevivido hasta hoy.
¿Cómo voy a creerme una derrota
que nunca ha ocurrido,
que no tiene cabida,
que contradice
el sentido de la vida?

Y puedo responder la pregunta,
Y respondo, la Desesperanza.

Es ese miedo
a que el mal sea el dueño
del mundo entero.
Y no lo es.

Y puedo responder la pregunta,
Y respondo, la Desesperanza.

¿Quién nos quitó la ilusión?
No me importa.
De un portazo destierro la mentira.
Y como no puedo decirle
“hasta nunca”,
le digo,
“atrévete”.

Y puedo responder la pregunta,
Y respondo, la Desesperanza.

Y como no tengo poción
para borrarla,
intento llenar
los vacíos…
con cualquier otra cosa.