Te odio, te amo

Para qué voy a mentir.
He escuchado decirte muchas cosas,
buenas, malas, las mismas historias
más veces de las que querría.
Pocas historias nuevas, si lo pienso
han salido con tu propia voz.

Para qué voy a mentir,
si nos conocemos desde siempre,
y desde siempre he sentido esa peligrosa curiosidad.
Te arrinconé, te analicé,
Te manipulé, te perseguí,
te grité, te ahogué,
te hice callar, intenté redescubrirte.
Intenté deshacerme de ti.

Para que te voy a mentir,
si nos hemos mentido ya sin cesar
hasta llegar otra vez a la verdad.
(Que no hay ninguna).
Pero claramente tú no eres única
ni eres la culpable
ni eres la respuesta mágica
que me gustaría haber encontrado.

Para qué te voy a mentir,
si lo sabes todo sobre mí.
Y aún así apenas me doy cuenta
que eres solo una parte,
ni más ni menos,
mucho menos yo entera.

Para qué te voy a mentir,
si sabes que te he odiado.
Te usé, tratando de tener el control.
Y solo nos hice más pequeñas.
Ignoré que no podías con todo
y lo hice repetidamente.
Los mismos errores, en otros tonos.
Y cogí la costumbre de agotarme
intentando que consiguieras
lo que no estaba a tu alcance.

Para que te voy a mentir.
No fuiste la única a la que ataqué.
Tus acompañantes sufrieron igual,
y sufrieron las consecuencias.
Esas otras partes fueron arrinconadas
e ignoradas hasta la saciedad
mientras tú debías tomar el sitio de todos.

Para qué te voy a mentir.
No he cambiado tanto.
Intento hacer las cosas de otra forma,
pero te odio.
Odio los límites que me has impuesto,
y que yo he aceptado.
Y odio que todo lo que desprecio en mí
me resulte familiar, cómodo.
Un canto de sirena.

Para que te voy a mentir.
También te amo, porque
nunca te estás quieta.
mente mía.
Y eso me da seguridad,
La seguridad de avanzar.
Sin parar.

Supongo que así será hasta el final.
Algo debe hacer girar la rueda.
El amor y el odio.
Dos fuerzas que propulsan
el aprendizaje como salvación.

Pintura etérea

Te tengo que decir una cosa. Eres preciosa. Tus sonrisas adornan el mundo en el que vivo. Tus palabras resuenan en el viento y ponen música a mi vida. El sol brilla cuando sé que eres feliz y el frío solo hace que avivar el fuego de mi sangre cuando sé que estás allí.

Me gustaría decirte tantas cosas, pero tengo tan poco tiempo, tan poca voz y tantas otras cosas en las que pensar cuando te miro, que se me escapan los pensamientos. Mi mente traza la línea de tus pómulos, repinta tus pestañas, navega en el marrón de tus ojos, se detiene en los destellos de tus lágrimas, resigue las curvas de tus labios y cae entre tus palabras hasta tu corazón de oro…

Tanta belleza me pierde y perdida me quedo, entre los mundos que somos tú y yo…

En busca de la princesa de las mariposas

Que te calles pesada. Mi mente divaga y mis sentimientos me arrastran hacia lugares oscuros, lugares a los que no quiero volver. Me gustaría conocer sus caminos y saber que si me pierdo encontraré la salida, pero a la par que espero que ese conocimiento aparezca por arte de magia en mi cabeza, lucho para no acordarme. El miedo es demasiado fuerte y hay alguna cicatriz monstruosa que no ha sanado ni va a hacerlo pronto, mucho menos fácilmente, en los próximos años.

Es verdad, vivo como un tullido, sin muchas ganas de vivir, con poca ilusión y sin ganas de sentir. Mi nivel de reacción emocional es tan limitado, que parece me falte humanidad.

Las mariposas se fueron para no volver.

“Tienes que reconquistarla” me dice Louis, mientras me tomo mi cuarto, tal vez quinto, café. ¿Pero como voy a recuperar algo que nunca sentí me perteneciera? ¿Y que pasa si me sentí así porque no tenía que ser ni será nunca mía? Y aunque después de tres vodkas y una noche de fiesta tenga la certeza de que la quiero solo a ella, de que no voy a mover un dedo por una relación con cualquier otra mientras podría luchar todos los días y con todas mis fuerzas por esa conexión entre nosotras, no hay manera de conseguir el amor. No en mi mundo. En mi mundo amas y eres amado.

Y si no ocurre, no hay nada que vaya a cambiarlo.

Pero también es verdad que ese mundo no es real. La realidad puede ser distinta. Y si lo es, tal vez tenga alguna posibilidad. Pero si la realidad no es como la imagino, entonces no tengo manera de saber qué hacer.

Fue una búsqueda larga. No tan larga como lo ha sido la suya. Pero esperé mucho tiempo y al fin la encontré. Ese salado y dulce perfume que había en el aire, esa visión de melena al viento y ropas meciéndose, esas carcajadas distantes… Pude encontrar mis mariposas perdidas. La princesa de las mariposas, la princesa perdida.

Pero aunque las encontré, aun no han vuelto a mí, y aquí sigo, sentada en la oscuridad de la noche, mirando una pantalla blanca llena de puntitos negros que me cuentan mi propia historia. Una historia vacía, pues sigo sin tener mis mariposas, sin sentir la vida corriendo debajo la piel. Solo cuando pienso en ella o me encuentro cerca algo cambia y a veces es tan intenso que me inmoviliza. Ha pasado demasiado tiempo; ya no soy capaz de cuidar a las mariposas y por eso no van a volver.

Puede que tenga que volver a empezar y encontrar las otras que se perdieron en otros corazones, y recoger esas, hacerme fuerte para poder cuidarlas a todas.

Puede que tengas razón, mente, y no tenga que llegar más lejos con ella.

Pero el corazón niega con la cabeza. “No sabes lo que va a pasar. Tienes que continuar. Aunque no creas que hay una salida, aunque no veas ninguna puerta, es por allí. Tienes que seguir tu propia voluntad”.

Sí, claro, es fácil de decir, pero ¿cómo voy a andar con seguridad hacia adelante cuando no veo ni mis pies ni adónde voy?

Pues tendré que hacerlo igualmente, porque decidido está que tengo que llegar a ellas. Necesito mis mariposas. Antes tenía que buscarlas, luego verlas y ahora que sé a dónde han ido, tengo que traerlas de vuelta a casa.

¿Pero no es eso desleal? No. ¿Qué hay de malo en desear aquello que queremos? ¿Qué hay de malo en tener lo que crees mercer? ¿Qué problema hay con querer un amor correspondido? It’s not a selfless act. But you are forgetting that life was never selfless, never pretended to be. La vida es un acto de fe, no de amor, no de humildad, no de caridad. No amamos sin más.

No está en mi naturaleza rendirme. Puede que me ponga a descansar, pero siempre intento continuar con lo que he empezado y llegar a donde nos dirigíamos. Aun así, el miedo a perder y a ser juzgada por mis errores y fracasos ahoga mi voz y a menudo me encuentro callando mis aspiraciones. No quiero que sepan que me quedé mucho más lejos de lo que quería. Mi debilidad es mía y de nadie más. Soy una egoísta de mierda que nunca admitirá que quiso y no pudo. Prefiero decir que no sé algo a arriesgarme, no porque no quiera perder, pero porque no quiero que piensen que soy una perdedora y tengan pruebas de ello. Más me vale callar y que nunca sepan qué pensar de mí.

Es una vida solitaria, pero. Mis mariposas se fueron con una princesa, pero ella continua buscando su castillo en el cielo. Yo vengo de allí y no pienso volver. Yo quiero hundirme en el mar o perderme entre las flores, pero nunca más serán las nubes objeto de mi deseo. Tuve sueños imposibles de cumplir, y por más adulta que sea, cargo con sus cuerpos. No me hagáis volver y convertir los palacios en mausoleos.

Pero no tengo opción. Sigo aquí tumbada, pajeándome la mente. Voy a volver. No me importa. Solo las mariposas importan. Es todo lo que he estado buscando, la razón por la que sigo viva. Qué más da lo ridículo que vaya a sonar.  Bleed, bleed, bleed. Se me estremece todo el cuerpo, mi corazón se acelera, va a mil por hora, siento todos mis músculos y mi mente deja de hacer preguntas. Se me olvida como respirar. Mis pensamientos se congelan. ¿Que si quiero eso por el resto de mi vida? ¡Claro que no! Pero quiero vivir con esa intensidad. Quiero abrir los brazos y que las mariposas me envuelvan toda y no tenga que esforzarme en luchar para estar solo un poco despierta. Te quiero a ti. Quiero llegar lejos, investigar este misterio que de otra forma me concomerá día tras día. No he tenido en la vida deseo más fuerte que el de encontrar esto.

Conejito, escoge la madriguera que quieras. Te seguiré adónde sea.

Y que no se diga que no lo intenté. Aquí estoy, dando todo mi ser a una causa cuanto menos desesperanzadora. Vamos a sufrir, corazoncito de hielo, pero no nos queda otra. O nos consume el fuego o lo hacemos nuestro. Nada de frío o oscuridad.

Que quiere tocar las nubes, pues le daré la mano desde las estrellas.

Y si los cielos no me acogen, y si el palacio me escupe de sus entrañas o los castillos me cierran sus puertas, pues otro camino más emocionante encontraré. Y si yo prefiero quedarme con la luna mientras ella se queda con el sol, pues allí estaremos. En buena compañía.

Y si mi corazón aún tiene la razón, puede que unas mariposas me lleven a las otras.

Entre hacer y no hacer, hagamos algo.

Y que la vida nos sorprenda.