Pez irisado

me ahogas en tu mente
me estrangulas con tus ansias
desatas la tormenta
y corres delante
de fantasías macabras

te abres el pecho
y desgarras el interior
intentando encontrar
esa chispa anhelada
¿estará allí?
no encuentras nada
y eso te mata

te ahogas en tu reflejo
el espejismo del pez mágico
desecho por las ondas
de tus vacilantes manos
dolor autoinfligido
al que la luna sucumbe
ahogándose atrapada
en la oscuridad
de la encontrada desesperanza

Al otro lado de la cama,
ella no sabe lo que ocurre.
Al otro lado de la cama,
el sol se pregunta,
¿cómo puede ella brillar tanto,
cómo puede existir la oscuridad
en un universo así de iluminado?
¿Cómo sobrevive el dolor
en unos ojos tan llenos de color?

Sin querer aun queriendo, queriendo aun sin querer

No sé lo que piensas,
apenas te conozco.
Tus ojos tengo enfrente,
pero no sé qué ven.
Los míos te reflejan
pero no sé el qué.

Dime, ¿qué sientes?
De eso no hablas.
Ni con la mirada,
ni con tus gestos.
¿Es esto lo que quieres?
Agárralo entonces,
ya se te escapó.

Yo quería, quería querer,
pero eso aquí termina.

Y sin esfuerzo,
se abren y cierran las presas
de mis rayos de sol.
En el otro lado del planeta,
éste nunca se pone.

¿Qué le haremos?
A bailar y olvidar.
Y vivirlo sin más.
Pues en diferido
nada tiene sentido.

Siempre. Siempre.

Siempre, siempre.
Cuando crecemos,
todos necesitamos
esas manos que nos
espanten los miedos
de la frente.

Esos brazos que nos
protejan por la noche
de las inseguridades
de una vida
que deberíamos
poder afrontar
solos,
solitos,
solos.

Siempre, siempre.
Necesitamos
esas palabras
que nos sientan tan bien
en el cuerpo,
en el trabajo,
en el día a día.

Necesitamos
esas miradas
que nos deshielan
y nos deshacen
en sollozos
y sonrisas.

Siempre, siempre.
Buscamos unos besos,
unos abrazos,
que nos devuelvan
a la vida.

Y siempre, siempre
crecemos y perdemos.
Pero no olvidemos
que todos llegamos
persiguiendo lo mismo
y queriendo darlo
todo el tiempo.
Recordemos.

El amor no es vergüenza,
ni su falta ni su sobra.

Y que siempre, siempre.
Yo también estoy aquí.

Erizada

Sus dedos rozándome,
su respiración,
acelerada.
Tu voz susurrando
un cuento nunca
antes contado.
Tu voz dulce
y aterciopelada,
un orgasmo
en mi cabeza!
Y yo, trazando
dibujos sin sentido
en la calidez que escapa
de tu piel blanca,
de esta tela
de la que me gustaría ser vestido
para llevar dentro,
para que fuera mi materia prima.

Amanda, Amanda,
Amanda. Despiértame.
Algún día, sé tú la que
se duerme última,
la que se despierta
y no quiere soñar
para poder continuar
trazando un rostro.
Sé tú la que me tire otra vez,
la que deje enfriar el café,
y deje al sol iluminarnos.

Sube, baja,
sube tres veces sin bajar.
Baja
lenta
mente
Y no pares, no pares, no pares,
hasta que
lleguemos,
juntas,
al
mismo
destino.

Clavaros en mí

¿Dónde se fueron esas mariposas
que no me dejaban cerrar los ojos
sin un pensamiento que me iluminara
el rostro cubierto de rojo
y me hacían escuchar
el tambor de la humanidad?

¿Dónde se fueron mis luciérnagas,
voladoras y simpáticas,
señalando la luna todas las noches,
gritando nombres y dibujando
miradas de medio desconocidas
que me quitarían el aliento
la siguiente vez que las mirara?

¿Dónde os fuisteis, queridas?
¿Porqué abandonasteis esta
mi ciudad, mi paraíso,
el sitio de mis sueños,
el templo de hueso,
la fuente de calidez
de todo verano vital?

¿Subió demasiado la temperatura?
¿Queríais un lugar más templado
con menos tempestad?
¿Más susurros y menos caricias?
¿Más espiritualidad, más impulso?
¿Más creatividad, más aventura?
¿Os aburristeis, pequeñas?

¿Qué fue verdadermanete lo que pasó?
¿Porqué desaparecisteis?

Todas ellas se fueron,
por mucho tiempo quedó bien poco de ellas,
siluetas en el suelo de habitaciones
ya desamuebladas.

Mis mariposas, se fueron.
Las luciérnagas, también.
Y en su lugar creció
un rosal,
que sube por mi tronco,
agarrándose, arralando,
retorciéndose en mi interior,
creciendo sin parar.
Busca tocar todos los rincones
de esta mansión diminuta.

Desaparecidas, ya no sé si volverán,
o si otras tomarán su lugar.
¿Dará el rosal flores que
las atraigan de verdad,
que les den el hogar
que les hubiera gustado encontrar?

Atrápame, bien fuerte. Atrápame.

Ll(amar)te

Te daré nombre para que hablen de ti;
te daré nombre para que sepan quién eres,
te daré nombre para presumir de ti,
te daré nombre para que existas aquí.

Te daré nombre, aunque no lo necesite,
porque todas las cosas te hablan,
todas las cosas te reflejan,
todo mi ser es el tuyo,
todo somos tú.
O yo.

Te daré nombre
y lo usaré para llamar a la felicidad,
llamarte todos los días,
para cantar en la ducha,
sin descanso,
para dormirme en la cama,
y soñar dulces sueños,
Y para no sufrir de los males
que me da no amar.

Te daré un nombre con el que acariciarte,
con el que encender el color de tu piel,
con el que susurrarte y al suspirar
con el que arrancarte gemidos y aullidos.
Te daré nombre, sí.
Te llamaré Amanda.

Ventanas pasadas

Algunos de mis sueños
siempre serán ventanas
de un tren al que
ya no subiré.

Algunos se quedaron
en ventantanas opacas,
en paradas escondidas
detrás de una mirada
y una voz aterrada.

Otros fueron ventanas
que prometían primavera
pero no sobrevivieron
ni a una sonrisa.

Otros se quedaron
parados y abandonados,
en ventanas rotas
en forma de otoñales hojas.

Y otros nunca salieron
de ninguna estación.

No todos los sueños
vivieron.
No todos fueron soñados,
no todos ardieron
y no todos volaron,
ya cenizas al viento.

No todos fueron puertas
a las que pude llamar.
Y de esos, tampoco todos
abrieron.