Pez irisado

me ahogas en tu mente
me estrangulas con tus ansias
desatas la tormenta
y corres delante
de fantasías macabras

te abres el pecho
y desgarras el interior
intentando encontrar
esa chispa anhelada
¿estará allí?
no encuentras nada
y eso te mata

te ahogas en tu reflejo
el espejismo del pez mágico
desecho por las ondas
de tus vacilantes manos
dolor autoinfligido
al que la luna sucumbe
ahogándose atrapada
en la oscuridad
de la encontrada desesperanza

Al otro lado de la cama,
ella no sabe lo que ocurre.
Al otro lado de la cama,
el sol se pregunta,
¿cómo puede ella brillar tanto,
cómo puede existir la oscuridad
en un universo así de iluminado?
¿Cómo sobrevive el dolor
en unos ojos tan llenos de color?

STAY

despite seeing all the grey
that can over the world take
and feeling the chest pain
of carrying a whale
your heart beats fast
an attempt to move past
stay stay
if it is not the end
there’s always a chance
love is there
meaning its other name
and the memory of its taste
never really goes away
stay stay
don’t leave just yet
it’s right here somewhere
someone is coming
to take you there
stay stay
follow the trail
or simply wait
Stay here
where it all takes place
stay stay
but surely
you must
STAY

“Prdja”

y por más que
y a pesar de
y tal vez por eso

tengo un flechazo

sigo sufriendo

con las paradojas

por vivir con una

en mi alma
pegada a los ojos
como un reflejo
colándose en mis conversaciones
cegándome a lo largo del día
invadiendo mi cuerpo

y este ya sólo aguanta
s…o…
b…r…e…
v…i…
v…e…
luchando por no ceder
y convertirse en la
ccccce
nnnnni
zzzzza

que es ya

Grito ahogado

Quién no ha gritado a la noche,
a la oscuridad,
desesperada,
sin poder hacer nada.

Quién no ha gritado,
pidiendo ayuda,
haciendo promesas,
llorando
y sin recibir respuesta.

Quién no tuvo que
hacer eso en silencio
con una máscara
y encerrado
en una habitación llena de gente.

Quién ha sido el afortunado
de no sentir nunca
la necesidad de
romper el mundo
sin ser capaz
de dejar de romperse.

Sin querer aun queriendo, queriendo aun sin querer

No sé lo que piensas,
apenas te conozco.
Tus ojos tengo enfrente,
pero no sé qué ven.
Los míos te reflejan
pero no sé el qué.

Dime, ¿qué sientes?
De eso no hablas.
Ni con la mirada,
ni con tus gestos.
¿Es esto lo que quieres?
Agárralo entonces,
ya se te escapó.

Yo quería, quería querer,
pero eso aquí termina.

Y sin esfuerzo,
se abren y cierran las presas
de mis rayos de sol.
En el otro lado del planeta,
éste nunca se pone.

¿Qué le haremos?
A bailar y olvidar.
Y vivirlo sin más.
Pues en diferido
nada tiene sentido.

Siempre. Siempre.

Siempre, siempre.
Cuando crecemos,
todos necesitamos
esas manos que nos
espanten los miedos
de la frente.

Esos brazos que nos
protejan por la noche
de las inseguridades
de una vida
que deberíamos
poder afrontar
solos,
solitos,
solos.

Siempre, siempre.
Necesitamos
esas palabras
que nos sientan tan bien
en el cuerpo,
en el trabajo,
en el día a día.

Necesitamos
esas miradas
que nos deshielan
y nos deshacen
en sollozos
y sonrisas.

Siempre, siempre.
Buscamos unos besos,
unos abrazos,
que nos devuelvan
a la vida.

Y siempre, siempre
crecemos y perdemos.
Pero no olvidemos
que todos llegamos
persiguiendo lo mismo
y queriendo darlo
todo el tiempo.
Recordemos.

El amor no es vergüenza,
ni su falta ni su sobra.

Y que siempre, siempre.
Yo también estoy aquí.

Con la pérdida, nace

Algunos esperan
que el cielo se parta,
escucharlo tronar
y que la tierra se abra,
todo con un sonido desquiciante
que parece
el grito del universo
al derrumbarse.

Pero no se parece en nada a eso.
Cuando algo terrible ocurre,
cuando las jóvenes flores perecen
y los corazones se rompen,
nace más silencio.

Algo se para.

Es imposible decir
El Qué,
pero de pronto,
todo está callado;
una melodía
– que nadie más
podía escuchar
– ha desaparecido.
Se ha marchado.
Y no volverá.